Hilda Roncal: la mujer que convirtió el cuidado en su propio camino

Empresaria del Mes · América Magazine

Dejó la enfermería para estar con sus hijos, aprendió el oficio de cero y abrió Balance Wellness Spa en 2019. Hoy, desde East Orlando, invita a la comunidad a darse ese cariñito que tantas veces se pospone.

East Orlando · Balance Wellness Spa

Hilda Roncal no habla de su negocio como quien recita un plan. Habla de él como quien lo fue armando con lo que tenía a la mano: una familia, un oficio que le gustaba y la terquedad de no soltarlo.

De la enfermería a la camilla

Antes de Balance Wellness Spa estaba en un hospital, de asistente de enfermería, y estudiaba para seguir en esa carrera. Entonces llegaron los hijos. La niña tiene hoy 14 años; el niño vino año y medio después. “Quería pasar más tiempo con la familia”, cuenta. Dejó enfermería, se fue a cosmetología y, dentro de esa formación, descubrió los faciales. Le sonó a lo mismo que ya conocía: el cuidado de uno a uno. Sacó la licencia de estética y ahí empezó el spa.

El 2019 fue el año en que puso el nombre. No arrancó con un local propio ni con una campaña. Arrancó de a poquitos, en la casa, con los niños, haciéndose su propio horario, y trabajando también para otra persona. Lucy, la dueña del salón donde hoy renta su espacio, fue de las que la guiaron. “Ella siempre ha estado apoyándome”, dice Hilda. Detrás, sin salir en la foto, el esposo. Al lado, la suegra, la familia, las amistades. “Él nunca se ve, pero siempre está ahí atrás, aconsejándome.”

El año que la hizo dueña

El golpe feo tuvo nombre: COVID. No se podía ver a la gente ni tocarla, y el spa de aquí cerró por un buen tiempo. Hilda se fue a trabajar con un doctor, por cerca de un año, en la zona de Hunters Creek. Fue incómodo, pero también fue el momento en que se dio cuenta de que podía más. “Yo podía trabajar para mí misma.” Lucy le pedía que regresara. Ella regresó, con una condición: por su cuenta. Volvió a ese espacio y abrió su propio negocio.

Los primeros clientes no llegaron por un anuncio. Llegaron porque ella empezó prácticamente regalando el trabajo: tratamientos a amistades, a referencias, cobrando al principio apenas lo del producto. Alguna vez no le pagaron. Hoy lo cuenta sin drama, como parte del aprendizaje. “Eso me hizo valorarme, saber que mi trabajo vale.” También aprendió a desconfiar del que vende “lo mejor” en una clase y, al probarlo, no es lo que prometió. Nada de eso la frenó. Se concentró en dar el 100 por ciento y más. La gente notaba el cambio en la piel, y la gente refería.

El 90 por ciento que no se compra

Ese sigue siendo el motor. Hilda calcula que el 90 por ciento de su trabajo es de boca en boca: amigas de las clientas, clientas que vuelven. El orgullo, dice, no es el local. Es haberse demostrado algo que no creía posible. Recién casada, con bebés, dejó una carrera y empezó otra, distinta y al mismo tiempo cercana a lo que le gustaba de enfermería. “Hasta yo misma digo: guau, eso fue lo que yo hice.”

Lo que más la enciende no es el tratamiento de moda. Es el adolescente que llega con el ánimo por el suelo y la cara llena de acné, y se va sabiendo que se puede mejorar. “El hecho de que puedan llegar donde mí y yo pueda ayudarlos, eso es grandioso para mí.” De ahí salió también Estefany, clienta de años, a quien le trabajaron el acné hasta que el resultado la inspiró a estudiar estética. Hoy Estefany está en el oficio, le va bien, y Hilda habla de ella con orgullo de maestra. “Yo fui una de las que las quiere.”

“Sé que habemos muchos por ahí que necesitamos un cariñito, una ayudita.”

Su clientela, cuenta, es más americana que latina. Y eso es justo lo que quiere cambiar. No lo dice como eslogan. Lo dice como quien llegó a este país a los 17 y todavía busca la palabra en español porque el día a día se le fue al inglés.

A la mujer que está pensando en emprender, latina o no, le deja una frase sola: creer en una misma. “Creer es poder. Donde hay voluntad, hay camino. Todo lo que uno quiere se puede, si tienes la intención.”

Al cierre de esta entrevista se preparaba para mudarse, a fin de mes, a una nueva ubicación en Gaston Foster, más hacia el downtown. El nombre no cambia. Tampoco el llamado.

“Invito a todos los que quieran venir, conocerme, darse un cariñito. Los recibo con los brazos abiertos. Vivimos una vida muy estresante y a veces no pensamos en uno. Vengan, que yo los voy a consentir.”

Hilda Roncal no abrió solo un spa. Abrió un camino, con sus manos y con la gente que se quedó detrás de ella cuando el camino todavía no se veía. Balance Wellness Spa es la prueba de que ese cuidado, el de la piel y el de los suyos, puede convertirse en oficio.

Empresaria del Mes es un espacio de América Magazine. Hilda agradeció a Diego por el apoyo y a la revista por la oportunidad.

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